La alpaca es una de las fibras nobles más versátiles del punto. Esta guía explica sus grados, por qué casi siempre se trabaja en mezcla y qué debe especificar una marca española al pedir prendas a un fabricante turco.
La fibra de alpaca ha pasado de ser un material de nicho a convertirse en un recurso habitual del punto contemporáneo de gama media-alta. Es más ligera que la lana de oveja, no contiene lanolina (lo que reduce las reacciones alérgicas), tiene un brillo natural y un poder térmico notable. Sin embargo, trabajarla bien exige entender sus grados, sus límites y por qué casi nunca se teje al 100 %. Para una marca española que abastece sus colecciones de punto en Turquía, especificar correctamente la fibra es la diferencia entre una prenda que cae bien, no da bolitas y mantiene su forma, y otra que decepciona en la primera temporada. Aquí desglosamos lo esencial desde el punto de vista de quien fabrica.
La alpaca es un camélido sudamericano —principalmente de Perú, Bolivia y Chile— cuyo vellón se hila para producir una fibra fina, hueca y ligera. Existen dos variedades comerciales: la huacaya, más esponjosa y voluminosa, y la suri, de fibra más larga, lisa y sedosa, mucho menos abundante. Sus ventajas frente a la lana convencional son claras:
El contrapunto: la alpaca pura tiene poca elasticidad y memoria de forma. Una prenda tejida al 100 % alpaca tiende a estirarse y «descolgarse» con el uso. Por eso, en la práctica industrial, casi siempre se trabaja en mezcla. Lo veremos más abajo.
La calidad de la alpaca se mide, igual que la lana merino, por el grosor medio de la fibra en micras. Cuanto menor es la micra, más suave y más cara resulta. Conviene conocer la terminología porque «alpaca» a secas no dice nada sobre el grado real que recibirás:
Para una marca española, lo sensato es fijar el grado en la ficha técnica (por ejemplo «baby alpaca, máx. 23 micras») y pedir la documentación del hilandero que lo respalde. Sin esa referencia, dos proveedores pueden ofrecerte «alpaca» a precios muy distintos por motivos legítimos.
Como la alpaca pura carece de recuperación elástica, mezclarla con otras fibras es la norma, no la excepción. La mezcla resuelve los puntos débiles de la fibra y suele mejorar la relación calidad-precio. Las combinaciones más útiles para el punto comercial son:
La combinación más equilibrada. El merino aporta la elasticidad y la memoria de forma que le faltan a la alpaca, mientras esta suma suavidad, brillo y calidez ligera. Proporciones típicas: 50/50 o 70 % merino / 30 % alpaca. Ideal para jerséis de uso diario que deben mantener la forma.
La opción de mejor precio y mayor durabilidad. Una pequeña proporción de fibra sintética (15–30 %) abarata la prenda, reduce el «pilling», mejora la resistencia al lavado y facilita la producción en volumen para cadenas y marcas DTC sensibles al coste.
Mezcla de gama alta. La seda añade brillo y caída; el cachemir, una suavidad extrema. Reservada para cápsulas de lujo o piezas hero; encarece la prenda pero eleva claramente la percepción de calidad.
Para prendas de entretiempo y climas templados, frecuentes en buena parte de España. Aligera el resultado y aporta transpirabilidad, a costa de algo de calidez. Útil para colecciones primavera-otoño.
No existe «la mejor» mezcla en abstracto: depende del precio objetivo, del tacto buscado y del uso de la prenda. Lo importante es decidirlo de forma consciente y dejarlo escrito en la ficha técnica, no descubrirlo en el muestrario.
Como fabricante OEM de punto en Gaziantep (Turquía), producimos en mezclas de alpaca tanto en construcción WHOLEGARMENT sin costuras como en fully-fashioned clásico. Disponemos de 22 máquinas en planta (15 Shima Seiki WHOLEGARMENT y 7 Stoll), con un pedido mínimo (MOQ) de 250 piezas por color/modelo y origen Made in Turkey. Estos son los puntos que toda marca española debería fijar antes de confirmar producción:
Puedes ver el detalle de nuestro equipo y procesos en capacidades de producción, y si trabajas con etiqueta propia, en fabricación para marca privada.
Para una marca española, el origen de fabricación no es solo cuestión de tacto: también de aduana, plazo y proximidad. España forma parte de la Unión Aduanera UE-Turquía, en vigor desde 1996, que cubre los productos industriales —incluidas las prendas de punto—. En la práctica, esto significa que las prendas tejidas en Turquía pueden entrar en España con arancel del 0 % (aprox., a confirmar según partida y con el certificado de circulación A.TR correspondiente), frente al arancel general que soportan las importaciones procedentes de China (del orden del 12 %, aprox., a confirmar). No es un TLC clásico, sino una unión aduanera, pero el efecto sobre el coste puesto es real.
A esa ventaja arancelaria se suma la logística: desde el puerto de Mersin, en el Mediterráneo oriental turco, la ruta marítima hacia Valencia o Barcelona —las principales puertas de entrada en España— es notablemente más corta que la asiática, lo que recorta plazos y permite reposiciones más ágiles. Y dado que el mercado español es un epicentro mundial de la moda —con Inditex (Zara, Bershka, Massimo Dutti), Mango, Tendam o Desigual— y con una fuerte demanda de façon y etiqueta propia, esa cercanía se traduce en una cadena de suministro más reactiva a las temporadas. Lo desarrollamos en Turquía frente a China.
Conviene recordar, además, las obligaciones reglamentarias al importar a España: REACH (Reglamento CE 1907/2006, con su Anexo XVII sobre sustancias restringidas en textil) y el GPSR (Reglamento UE 2023/988 de Seguridad General de los Productos). Un fabricante con experiencia exportadora a la UE debe poder acompañar la mercancía con la documentación de composición y conformidad que pidan las autoridades.
Trabajamos con marcas españolas en punto de alpaca y otras fibras nobles, desde el muestreo hasta la producción seriada. Envíanos tu brief con grado, composición y galga objetivo y te orientamos sobre la mezcla más adecuada a tu precio.